Espa–ol AP - çlbum
Actividades de comprensi—n de lectura
#12
Sobre
la autora:
Sonia Rivera-ValdŽs (1942- ) was born
in Gźines, Cuba. A professor and a
scholar of Puerto Rican literature, she has made the United States her
home. Her short stories have
appeared in Punto de vista and Arieto. ŇEl
Beso de la PatriaÓ was published in 1986 in Nosotras, an anthology of Latina literature. It is the poignant tale of a
prize-winning fourth grader whose moment of glory is suddenly shattered.
Santa
Fe
Nos
mudamos para Santa Fe cuando yo ten’a ocho a–os. Aunque est‡bamos muy cerca de La Habana, era otro
mundo. El cambio represent— un
poco de calma porque mi pap‡ y mi mama no peleaban tanto all’. Era un pueblecito de fuertes
contrastes, verde y arenoso, con el mar de la costa norte de La Habana de un
lado y las monta–as de Tahoro del otro.
De los manantiales que hay en esas monta–as ven’a el agua que tom‡bamos,
tres centavos la lata: despuŽs
subi— a cinco. La lata de agua era
inmensa; no sŽ cu‡ntos litros ten’a, pero llenaba una tinaja grande.
Como
playa, Santa Fe no val’a mucho, demasiadas rocas y poca arena, pero el agua era
tan cristalina que yo nadaba despacito por la superficie y ve’a los peces
negros, amarillos y plateados, de todos los colores, paseando por debajo de
m’. Uno de mis entretenimientos
favoritos era sacar erizos de las rocas del fondo del mar con un palo largo,
que generalmente ven’a de una escoba vieja, al que le pon’a un clavo grande en
la punta para enganchar los erizos.
Me met’a en el agua y con la mano derecha sujetaba el palo mientras con
la izquierda me apoyaba en un cubilete de Madera que ten’a el fondo de cristal,
para ver adentro del mar, y serv’a de flotador. Pasaba largas horas en la playa con Rita, la hija de
Goyo el pescador, a quien conoc’ reciŽn mudada al pueblo y nos hicimos grandes
amigas. Cuando no est‡bamos
jugando o hablando, me sentaba sobre las rocas a la orilla de la playa, sola, a
so–ar con el d’a en que se me rizara el pelo, o en cuando me sacara la loter’a
para pagar las deudas que mi papa hab’a contra’do jugando al p—ker. El sue–o del pelo era el mejor; un d’a
iba a aparecer un hada que me dar’a una loci—n m‡gica, un champś milagroso que
me rizar’a el pelo para siempre.
No me gustaba mi pelo lacio y fino; quer’a uno de aquellos con muchos
bucles que ve’a en el cine de Hollywood; mi preferido era el de Viveca Lindfors
en una pel’cula en que hac’a de gitana.
En
invierno el mar romp’a con tanta fuerza contra las rocas que una se–ora que
estaba de visita un fin de semana pregunt— si hab’a alguna f‡brica cerca, cuyas
maquinarias produc’a la gente que ven’a de vacaciones, como una gran bandada de
p‡jaros que se iba al llegar septiembre.
Para Julio o agosto armaban el parque de diversiones, ven’an unos hombres,
desyerbaban un terreno grande en alguno de los lugares m‡s cŽntricos,
generalmente un solar vac’o de los que bordeaban las carreteras de Santa Fe a
Punta Brava, e instalaban los caballitos, la estrellas, las sillas voladoras,
el kiosco de algod—n de azścar, los puestos de frituras y refrescos, los de
vender cerveza y los juegos de azar, en los que se pod’a ganar un mu–eco de
peluche, una taza con su plato, o una polvera de cristal que ten’a en la tapa
una gallina echadaÉ Žsas eran las lindas.
Instalaban centenares de bombillos el d’a de la inauguraci—n, para los
que viv’amos permanentemente en la playa, acostumbrados a los largos meses de
calles silenciosas y semiapagadas, era el deslumbramiento; el movimiento y la
iluminaci—n nos maravillaban; recib’amos el parque con tanto entusiasmo que se
llenaba todas las noches durante el tiempo que permanec’a. DespuŽs, cuando comenzaba a oscurecer
m‡s temprano y a amanecer m‡s tarde, y el mar empezaba a o’rse desde la casa
por las noches, un d’a ve’a con melancol’a c—mo los hombres que desyerbaron el
terreno desarmaban los aparatos y desmontaban el parque. Al poco tiempo sobre la tierra
apisonada por los pies de la gente volv’a a crecer la yerba.
El
Beso de la Patria
Rita
y yo ’bamos juntas a la escuela pśblica.
Su mama, Julia, era la conserje y como ella era quien preparaba y
repart’a la merienda, siempre me daba mucha. Daban leche condensada con gofio en la sesi—n de la tarde a
la que asist’amos porque los varones iban por la ma–ana. Aunque se supon’a que la merienda fuera
solo para las ni–as m‡s necesitadas y yo no lo era, porque las hab’a que no
com’an en su casa, mi amistad con Rita garantizaba mi parte, lo que me pon’a
muy contenta.
Yo
estaba en cuarto grado. Fue el
primero que hice completo en una misma escuela, ya que anteriormente debido a
las mudadas constantes y a que a mi mama no le gustaba levantarse temprano para
mandarme a las clases, cambiaba tres o cuatro veces de escuela durante un curso
escolar, y a veces faltaba meses completes. Esa fue, tambiŽn, la primera vez que tome ex‡menes para
pasar de grado. Por las ma–anas,
sentada en el piso de mosaicos rojos y blancos del portal de la casita de
Madera en que viv’amos, que se manten’an fr’os aunque hubiera un sol que rajaba
las piedra, memorizaba cuanto hab’a escrito en los cuadernos el d’a
anterior. Era la experiencia mas
grata de mi vida. Leyendo sobre
las guerras de independencia de
Cuba en el siglo XIX, o aprendiendo cu‡les eran los r’os m‡s caudalosos de
Europa, o quŽ animales ten’an sangre caliente y cu‡les la ten’an fr’a, o
cu‡ntos huesos ten’a el cuerpo humano, olvidaba un rato los llantos de mi mam‡
encerrada en el ba–o, por razones que yo s—lo medio entend’a, y la falta de
dinero de la que mi pap‡ hablaba constantemente. Mientras le’a, sent’a el fresco del piso en mis muslos y
piernas, o’a cantar los p‡jaros y miraba, cada vez que interrump’a la lectura,
las vicarias blancas y rojas y las madamas sembradas en el jardincito frente al
portal, del cual mi papa y todos nosotros hab’amos sacado las piedras y latas
que ten’a cuando nos mudamos all’ y hab’amos sembrado flores. Pensaba en lo maravillosas que eran las
flores de la vicaria blanca, capaces de curar enfermedades de los ojos, y en lo
curiosas que eran las vainitas en que se formaban las semillas de la madama.
Nunca
tuve esp’ritu de competencia porque no ten’a raz—n para desarrollarlo. Mi mama no me exig’a nada en ese
sentido, y con tantos cambios ni siquiera sab’a que exist’an premios si se
ten’an buenas notas. Aquel a–o ganŽ
el Beso de la Patria, premio que daban al mejor alumno de cada grado. Me sorprend’ much’simo cuando lo recib’
porque no lo esperaba, pero me dio una gran alegr’a. Debido a este premio fui elegida para llevar el estandarte
de la escuela en el natalicio de Mart’ del pr—ximo a–o. Era un reconocimiento a mi excelente
trabajo acadŽmico.
La
parada
Para
conmemorar el veintiocho de enero se organizaban enormes paradas. Los colegios privados hac’an un
despliegue de lujo con uniformes de gala y bandas de mśsica en que los ni–os
iban vestidos de sat’n rojo, azul pavo, azul prusia, verde brillante, amarillo
canario, y los trajes estaban adornados con galones de colores contrastantes;
en la cabeza llevaban sombreros altos con penachos de plumas compet’an a ver cu‡l
colegio iba m‡s elegante. Las
escuelas pśblicas iban aparte; trataban de que los ni–os se vistieran lo mejor
posible y pon’an algunas restricciones para poder asistir; hab’a que usar
cierta ropa que muchos no ten’an:
Žsos no pod’an participar en el acto patri—tico; un requisito era tener
el uniforme de la escuela: la mayor’a de los alumnos iban a las clases sin
uniforme; los maestros, generalmente, no lo exig’an porque sab’an que si los
ni–os no lo compraban era porque no ten’an dinero para hacerlo. Cuando me nombraron para llevar el
estandarte, lo que era un gran honor, me advirtieron que era necesario ir
uniformada y llevar zapatos de piel o charol negro. Yo ten’a un uniforme que alguien me hab’a regalado usado; mi
mam‡ lo hab’a te–ido para que recuperara el color original y luc’a muy bien,
pero mis śnicos zapatos eran unos tenis.
Cuando me dijeron lo de los zapatos no me atrev’ a decir que no los
tendr’a porque me daba mucha pena y dije que s’, que iba a tenerlos. No pensŽ en otra cosa por un mes y
pico, hasta que lleg— el d’a: no se me olvidaba ni cuando estudiaba por la
ma–ana en el portal; no consegu’a alegrarme ni escuchando el canto de los
p‡jaros, ni aunque los mosaicos estuvieran fr’os como siempre, ni aunque las
semillas de las madamas hubieran hecho su trabajo de fecundidad con tal
constancia que hab’a muchas maticas nuevas: lloraba todos los d’as donde no me vieran y no dije nada en
mi casa porque sab’a que no iba a haber zapatos negros. Finalmente lleg— el d’a, y despuŽs de
pensarlo mucho decid’ ir; me arreglŽ lo mejor que pude, muy ba–adita y peinada,
con lazos grandes en las trenzas, medias blancas, y lavŽ los tenis. Al presentarme, en medio de la
confusi—n, de la organizaci—n de la parada, no notaron nada, pero al
prepararnos para empezar la marcha yo iba sola delante de los otros
estudiantes. Al ver mis pies, ina
de las maestros, una se–ora vieja que dec’an que era poeta, me llam— aparte y
me dijo: <<Tś sabes que sin
zapatos negros no puedes llevar el estandarte. Nosotros entendemos que no los tienes y por eso no los has
tra’do, pero la parada tiene que quedar bonita. Mira, lo que vamos a hacer es que entre todos los maestros
vamos a reunir dinero para comprarte unos zapatos para la pr—xima vez. Ahora, Noem’ llevar‡ el estandarte.>> Noem’ que era brut’sima y sacaba
mal’simas notas, ten’a unos zapatos de charol con unos lacitos de faya. LlorŽ disimuladamente toda la parada. Lo que m‡s me dol’a era lo que dijo la
maestra de que iban a regalarme unos zapatos. Me pareci— todo terriblemente injusto, que yo estaba pagando
culpas que no hab’a cometido.
Sufr’a calladamente cada vez que entraba a la escuela en los d’as
posteriores a la parada, pensando en el momento en que me fueran a dar los
benditos zapatos. Pero mis
angustias estaban de m‡s, porque jam‡s reunieron ningśn dinero ni me compraron
ningunos zapatos.
An‡lisis
Gram‡tica
El imperfecto
One of the common uses of the imperfect tense is to describe
actions or events that occurred regularly in the past. Consequently, the imperfect frequently
appears in the opening paragraphs of a story where the scene is being set.
Pasaba largas horas
en la playa con Rita. I
would spend long
hours on the beach with Rita.
Rita y
yo ’bamos
juntas a la escuela. Rita
and I used to go to school together.
Compet’an a ver cu‡l colegio iba m‡s They
would compete to
see which school paraded
elegante.
more
elegantly.
Cambia
los verbos en parŽntesis al tiempo imperfecto: